En artículos anteriores nos referimos a la forma en que algunos sectores de la sociedad latina en los Estados Unidos de Norteamérica se establecen como empresas comunicacionales para satisfacer las necesidades comerciales, tanto de los propietarios de los medios, como de los lectores de los mismos. Y en esa oportunidad nos referimos que es una situación que se registra con más frecuencia en las regiones de Virginia, Maryland y Washington D.C, donde se concentra una población hispana proveniente de Centroamérica y México.
Distinta es la situación que se percibe en regiones como New York, New Jersey, Pennsylvania, Texas, amplios sectores de California, Utah y en la Florida, en donde se asientan importantes comunidades hispanas provenientes de Suramérica, los cuales tienen una conducta un tanto diferente a las registradas por los “empresarios comunicacionales” centroamericanos.
Mientras los amigos centroamericanos y mexicanos se esmeran en levantar sus empresas comunicacionales para vender, ofertar y mostrar los productos comerciales que se expenden en el área de sus residencias a través de la venta de publicidad, los empresarios provenientes del Sur ven en la empresa periodística la oportunidad de acceder a algunas formas de poder; ya sea el poder político, o el poder económico.
Esta situación es claramente palpable en regiones como la Florida, Texas, New York y New Jersey, en cuyas regiones existe una competencia empresarial de mejor calidad que la descrita en el artículo anterior, tal vez porque quienes se dedican a la actividad periodística son profesionales de la comunicación emigrados de países del Sur, como Colombia, Venezuela, Perú, Chile, Argentina y sus áreas circunvecinas, quienes tienen experiencia en la materia, y quizás la tradición de lidiar en esos campos comunicacionales con la finalidad de acceder a puestos políticos, o en su defecto conectarse con las formas del poder económico.
Los casos son harto conocidos, especialmente en la Florida, New Jersey y Pennsylvania, donde una gran mayoría de estos “empresarios comunicacionales” se han aliado con los partidos políticos tradicionales de Estados Unidos, colocando en el Senado, Congreso Nacional y las Cámaras Estatales a sus fichas, que garantizaran, además del poder político, el éxito económico que usualmente buscan las empresas comunicacionales de forma muy similar a como se hace en los países suramericanos.
En conclusión, las empresas periodísticas continúan siendo eso, empresas que generan beneficios a quienes las ostentan, y que generalmente se encargan de transmitir la información que se precisa dirigida al público determinado por el interés del empresario, en donde la libertad está sujeta a los intereses comerciales del momento determinado. No más.
Ana Teresa Salas-Fitzpatrick
Comunicadora Social
Estados Unidos.
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